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Columna de Opinión de Julio Poblete: Chile a Medias

By noviembre 25, 2014marzo 29th, 2017No Comments

¿Cuántas veces hemos oído el dicho popular “hay que entrar a picar”? Esta afirmación típica, admite que algo quedó mal hecho y que habrá que romper lo recién realizado para volver a hacer todo de nuevo. Situación comparable ocurre cuando nos dicen que “la solución es provisoria”, resultando finalmente como algo definitivo. Nuestras ciudades no están exentas de esta realidad y las cuentas que se pagan en este “Chile a medias” son aún mucho más altas.

Hay dos casos recientes que son buen botón de muestra.

Hemos conocido la polémica donde vecinos del sector de La Llavería, comuna de Vitacura, se oponen a las propuestas viales del municipio, en específico a la construcción de la nueva Costanera Sur, que destruiría parte del parque público que el mismo municipio construyó pocos años atrás, a lo largo del borde del río Mapocho.

Sin entrar a discutir el mérito de las propuestas de la municipalidad ni hacer un juicio de valor respecto de la oposición de los vecinos, me sorprende que la autoridad haya gastado dineros importantes en construir un parque público, sabiendo lo que venía en el futuro, y que a menos de 10 años de su implementación se esté pensando en eliminarlo parcialmente. En buen chileno, habrá que “entrar a picar”, con un tremendo perjuicio al erario público y con la contradicción de que lo que se asumía definitivo hoy se transforma en temporal. Desde la perspectiva de los hechos, es una muestra de la escasa planificación para reservar los espacios que la ciudad necesita y para asegurar que los dineros de todos los chilenos, o en este caso de los vecinos de Vitacura, sean bien gastados.

Otro ejemplo es la aprobación de un cambio a la Ley de Urbanismo y Construcciones que permite a los municipios reservar, sin límite de tiempo, los espacios necesarios para la nuevas calles y parques. Este cambio nos retrotrae a la situación de la planificación vigente al 2004, generando confusión. Hay que precisar que durante el gobierno del Presidente Lagos se modificó la ley por primera vez en esta materia y después de 40 años de vigencia, fijando un tiempo máximo de 10 años a las reservas de espacio para calles y parques, por considerarlas un gravamen excesivo y sin mecanismos efectivos de compensación. Se prometió un fondo para expropiaciones que permitiría asegurar esos espacios antes de que caducaran. Eso no ocurrió y muchos de ellos se perdieron, con la complicidad de los municipios, que no gestionaron su renovación. Hoy se repone por ley, nuevamente sin mecanismo claro de compensación al afectado y dependiendo que los municipios en seis meses decidan con qué calles y parques “quieren quedarse”. Lo que se asumía permanente, y que quizás nunca debió cambiar, a 10 años de su única modificación, se cambia nuevamente. El alterar las reglas del juego de la planificación de la ciudad es tremendamente dañino, por cuanto toda acción en ella requiere de mucho tiempo para implementarse y sólo los mismos planes reguladores tardan más de seis años en ser aprobados.

No hay forma de avanzar si seguimos haciendo y deshaciendo. El “Chile a medias” es el costo más alto que pagamos hoy los chilenos. Es el lastre más pesado de nuestro subdesarrollo.

Vía Voces La Tercera.

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