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Estudio concluye que recuperar parques aumenta la participación pero no genera estilo de vida saludable

By mayo 6, 2016marzo 8th, 2017No Comments

EL MOSTRADOR – Este viernes el académico Francisco Gallego de la UC presenta los resultados de una investigación en un seminario en el Centro de Extensión de esa Casa de Estudios. «Esto refleja el hecho que cambiar estas dimensiones de modo significativo implica cambios mucho más grandes de los barrios que sólo recuperar áreas comunes», afirma.

Un estudio sobre el impacto que genera en los barrios la recuperación de las áreas verdes presenta este viernes Francisco Gallego, académico de Economía de la Pontificia Universidad Católica (PUC) y director científico de J-Pal, un centro de investigación sin fines de lucro que busca reducir la pobreza y mejorar la calidad de vida de los habitantes de América Latina y el Caribe.

La presentación será en el marco del seminario “Recuperación participativa de espacios públicos. ¿Un camino hacia una mejor calidad de vida?”, que se realizará hoy desde las 8:30 horas en el Centro de Extensión de la PUC. El evento es organizado por el Centro de Políticas Públicas de la PUC, JPAL y la Fundación Mi Parque.

Allí Gallego mostrará su estudio “Recuperación participativa de áreas verdes y sus impactos en aspectos económicos y sociales: evidencia a partir de la evaluación experimental de la Fundación Mi Parque en Chile”. Concluye que aunque los parques recuperados generan una mayor seguridad y participación vecinal, no necesariamente mejoran la salud de la gente ni aumentan la plusvalía de sus hogares.

 

Poca evidencia

«Yo hago investigación académica y en esa línea hay muy poca evidencia científica dura sobre cómo puede impactar la calidad de vida de las personas este tipo de programas que intenta mejorar los espacios comunes en zonas pobres», explica el académico.

«Esto es especialmente relevante para políticas públicas en Chile -y en el mundo- donde existe una carencia importante de espacios comunes .especialmente verdes- en las zonas más pobres. El programa de Mi Parque me parece súper innovador y promisorio y, por ello, parecía razonable de evaluar científicamente».

Para realizar esta evaluación del programa de habilitación de plazas de la Fundación Mi Parque, Gallego trabajó junto a Matías Braun, académico de la Universidad Adolfo Ibáñez y de la Fundación IM Trust, y Rodrigo Soares, profesor de la Universidad de Columbia y afiliado a J-PAL.

El objetivo fue verificar si el programa es efectivo en aumentar el uso de las plazas por parte de las personas en los barrios que reciben el programa, y si efectivamente existe una mejora en las plazas, señala el académico a Cultura + Ciudad.

«También vemos si mejora la calidad de vida de las personas desde dimensiones tales como la seguridad de los barrios, la confianza y capacidad de organización de los vecinos. Finalmente estudiamos si adoptan estilos de vida más saludables, si sus casas incrementan su valor, o si tienen una mayor satisfacción con la vida».

 

1.500 hogares y 28 plazas

El estudio se inició el año 2012, y las actividades de terreno terminaron el año 2015. Participaron un total de 1.530 hogares en barrios vulnerables de las comunas de Colina, Huechuraba, Lo Espejo, La Granja, La Florida, Puente Alto, Pedro Aguirre Cerda, Paine, Pudahuel, Quilicura, Renca, San Bernardo, San Joaquín y San Ramón, todas en la Región Metropolitana.

Los investigadores estudiaron 56 sectores de la ciudad de Santiago, todos de características homogéneas entre sí. De éstos 56 sectores se seleccionaron aleatoriamente 28 plazas, las cuales se sometieron a la recuperación participativa de sus áreas verdes por parte de la Fundación Mi Parque, mientras que la otra mitad sirvió como «grupo de comparación».

Armaron estos dos grupos con el propósito de poder asegurar que los efectos encontrados en las zonas beneficiadas «fueran atribuibles a la intervención de Mi Parque y no a otras razones», explica Gallego, quien además destaca que Mi Parque además comprometió tiempo y dinero para que la evaluación académica fuera rigurosa.

 

Principales conclusiones

Para Gallego, las principales conclusiones se relacionan con que efectivamente las familias ocupan más la plaza y que esto redunda en cambios en sus comportamientos y percepciones y con ello en la calidad de vida.

«Por ejemplo, existe un aumento de más de un 70% en el uso de las plazas por parte de las dueñas de casa, y en torno a un 50% en el caso de los niños, tanto menores como mayores de 12 años», explica.

«Además, existe una mayor participación en organizaciones de parte de los vecinos de las nuevas plazas, y mayor seguridad: las personas se sienten más seguras y observan menos delitos, tanto en sus barrios en general como en las plazas mismas».

Sin embargo, la investigación determinó que no hubo cambios en cuanto a un estilo de vida más saludable –la gente no hace más deporte por tener la plaza en el barrio- ni tampoco mejora en el valor de las casas ni en otras dimensiones.

«Esto refleja el hecho que cambiar estas dimensiones de modo significativo implica cambios mucho más grandes de los barrios que sólo recuperar áreas comunes», afirmó.

Las áreas verdes «deberían ser espacios de encuentro, de diversión, de esparcimiento donde no sólo se puede disfrutar en familia y personalmente sino que además ser lugares donde conoces e interactúas con otros. Lamentablemente esto no es así en muchas zonas de nuestras ciudades y allí pasa lo contrario: las zonas comunes, plazas y parques son grises, peligrosas y están controladas muchas veces por delincuentes».


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